miércoles, 7 de febrero de 2018

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Echo de menos tus tormentas.
Tu lluvia empapándome, tu viento sacudiéndome y ese frío estimulante.
Echo de menos tus veranos.
Tu calidez reconfortante, la paz frente a una playa imaginada, relajante.
Echo de menos tu vértigo.
Ese miedo vigorizante, el antídoto a toda preocupación.
Echo de menos tu reflejo.
El mío, el tuyo, la imagen que devolvían las retinas.
Echo de menos tus latidos.
El diapasón que marcaba el tempo de mis pasos.
Y echo de menos tus intentos de detener el tiempo, de enfrentarte a las leyes mas estrictas de una realidad que no convence y tras cada fracaso… intentarlo de nuevo.

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