viernes, 15 de septiembre de 2017

De oficinas y preguntas


Cierro las bandas del camión, aseguro la carga con el método estipulado (que no homologado, pero esto es un asunto que no voy a tratar aquí) y voy hacia la oficina a por los papeles. Mientras la chica me prepara los albaranes, miro por la ventana y me doy cuenta de que ya no me pasan cosas chulas y emocionantes como antes. Hace unos años mi día a día estaba repleto de situaciones curiosas, extrañas, algunas divertidas y otras de esas que me hacen pensar mucho y sentirme un poco especial; pero por algún motivo todo eso terminó. Puede que algún dios se cansara de jugar conmigo y hubiese elegido a otro para otorgarle el don de la "pasarcosabilidad", dejándome a mi abandonado en esta extraña monotonía, cómoda en cierto modo, pero incapaz de permitirme mantener un blog como éste con la regularidad y coherencia anterior. Pero volvamos a la realidad.

La secretaria se levanta y me entrega los papeles para que se los firme. Agarro el boli, me agacho sobre la mesa y entonces oigo como me dice...
-Oye... ¿Tu has escrito un libro, no?
El hecho de ser reconocido por primera vez como autor de un libro y no como "camionero" o "padre de" o "el tonto ese" me emociona, así que me incorporo, la miro y le digo...
-Dos. Dos libros. A ver si nos informamos un poquito.
La chica parece más sorprendida que admirada, como si mi afirmación hubiese causado un efecto inesperado en ella y entonces llama a su compañero de oficina, en la sala contigua.
-¡Oye, tu sabias que J. habia escrito un libro?
Lo siguiente que oigo es como una silla de oficina es apartada con tanta fuerza que cae al suelo y un secretario rellenito sale a mi encuento con los ojos como platos.
-¿Un libro, en serio? -me dice.
-Si, bueno, son dos, pero ahora estoy liado con el segundo que...
-¿Y lo has escrito tu solo?
-Si. Yo solo. A veces se escriben libros entre varios pero no es lo habitual.
Entonces me doy cuenta de que la chica está hablando con alguien por teléfono, lo cual no me extrañaría siendo ella secretaria, pero el hecho de que no deje de mirarme y señalarme me hace sospechar que la cosa va conmigo. Comienzo a sentirme incómodo y trato de salir de la oficina para volver a la seguridad de mi camión. Desgraciadamente, el hombre parece no haber terminado con su extraño interrogatorio.
-¿Cuantas páginas tiene?
-Pues... Tiene 170, pero en realidad la extensión de los libros se mide en palabras y el mio tiene algo más de 30000, lo cual está bastante bien teniendo en cuenta que el anterior eran...
-¿Y todo lo que pone en el libro te lo has inventado tu? -me interrumpe.
La cosa empieza a volverse rara e incómoda, así que agarro el pomo de la puerta y me dispongo a salir pitando tras la última respuesta.
-Si. Me lo he inventado yo. En eso consiste escribir un libro. Si se lo hubiera inventado otro sería cuanto menos...
Entonces, al ir a salir, encuentro la puerta bloqueada por el corpachón del encargado general, un tipo malhumorado, más ancho que alto y con un sentido del humor que quizás tendría algún sentido a principios de los años sesenta.
-¿Que me han dicho? -me pregunta.
-No lo sé -le respondo.
-Que has escrito un libro.
-Si. Dos. Pero no tiene importancia, de verdad. Tengo que irme.
-¿Sabes que yo estoy escribiendo una novela?
-No, no lo sabía. Pero ánimo. Que no decaiga.
-¿Y como lo has imprimido? -me aborda por detrás la secretaria.
-Se dice impreso. Y en una imprenta. No voy a imprimir doscientos libros con la canon epson stylus de mi casa...
-¿Y eso vale dinero? -comenta el otro.
-No. ¡Lo regalan porque las imprentas están subencionadas por los anunakis!
Pretendía ser una broma pero nadie se ríe. Es hora de huir de allí. 

Dando una voltereta lateral con tirabuzón me lanzo a través de la ventana. De haberme fijado en que estaba cerrada lo habría hecho con los pies por delante, pero a efectos prácticos de huida desesperada casi mola más así. Rompo el cristal con uno de mis mejores rizos, el cual queda aplastado por el impacto pero nada irrecuperable con un poco de garnier rizos definidos y salgo a la carrera mientras los otros tres vienen hacia mi preguntando cosas absurdas, como si la tinta es de calamar o si he hecho yo el dibujo de portada.
El camión está a menos de veinte metros de la oficina, pero el trayecto se me hace eterno. Con los preguntones pisándome los talones y ganándome terreno me doy cuenta de que debería haber dedicado más tiempo al deporte y menos a leer tebeos y a jugar a rol. ¿De qué me sirve ahora saber la diferéncia entre un dragón y un wyrm o que la espada larga es la mejor arma de la segunda edición del Dragones y Mazmorras? ¿De que me sirve saber que la saga de los androides es con diferencia la peorcito que se ha hecho en la serie de Dragonball? Y es justo esa idea la que me lleva a esa basura de Dragonball Super y la misma rábia de saber que hay gente esforzándose por destrozar la serie de mi vida me llena de odio y ese odio me ae fuerzas, las cuales me permiten llegar hasta el camion, saltar a la cabina y cerrar el seguro.

Afuera los dos tipos y la secretaria golpean la puerta con insistencia mientras me preguntan si el tipo de la foto de la solapa soy yo o si el libro está en librerias. Pero yo me siento seguro en mi máquina de 26 toneladas. Arranco, doy la vuelta para salir y entonces veo como el trabajador de esa misma fábrica sitúa una carretilla elevadora de carga de contenedores en la entrada, bloqueándome el paso. Hasta ahora teniamos buena relación, pero parece que la cosa va a cambiar.
-¿Pero es un libro libro de verdad? -me grita desde lo lejos.
Es la gota que colma el vaso. No puedo con mas preguntas extrañas, así que agarro uno de los libros de la cabina (siempre hay que llevar ejemplares encima, me lo decía mi abuelito) y abro la puerta. Mi determinación les empuja hacia atrás como una fuerza invisible y les pongo el libro delante.
-Aqui está -digo mientras se acercan a mirarlo como simios ante un boligrafo de esos de muchos colores.
Uno intenta tocarlo pero se lo aparto de las manos.
-Si os interesa, son 12€.
Y de pronto el hechizo parece romperse. El ensueño de fascinación literaria se desvanece a medida que el coste económico penetra en sus cerebros y activa las terminaciones nerviosas que van hasta sus bolsillos y emiten señales de alerta.
Bueno ya me lo pensaré, es que yo casi no leo nunca, es que no tengo tiempo, quizás más adelante... Son algunas de las frases que murmuran mientras se alejan dejándome solo con mi libro. Y de algún modo,lejos de aliviarme, ello me deja con una extraña sensación de desasosiego, como si tal incidente marcara el precedente de algo que fuese a repetirse muchas veces.
El cielo está más gris de lo que recordaba.
Parece que vaya a llover.
Como si las nubes lloraran por mi.

NOTA: Todas las preguntas absurdas utilizadas en esta entrada me las han hecho de verdad, por lo que su autoría es propiedad de gentes variopintas del apasionante (y culto) sector del mármol de la provincia de Alicante. A todas ellas, grácias por la inspiración.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Un paso más hacia la perfección del ser (humano)




Debo reconocer que estaba perdiendo la fe. Que en el año 2017 y con casi cuarenta años a mis espaldas, eso que anunciaban como futuro nunca iba a llegar y que tendría que vivir el resto de mis días en esta prolongación de un presente que, sinceramente, ya empezaba a oler a pasado. Pero parece ser que alguien lo ha logrado. Alguien ha sacado pecho y ha decidido dejarse de redes inalámbricas, robots cutres que solo montan coches y microchips diminutos y ha inventado algo que nos abre las puertas al verdadero futuro; a ese que anhelábamos y que iba a marcar un antes y un después en la historia de la humanidad. Y es que han inventado... ¡El fluido vaginal con luz!

Tal genialidad imprescindible de ahora en adelante, llamada “Passion dust” ha sido creada por la compañía Pretty Inc y consiste en una simple cápsula que se introduce en la vagina de la mujer (claro) un rato antes de un coito (suponiendo que ella tenga claro que va a tener un coito asegurado, ya que de otro modo, la cápsula es irrecuperable) y ésta libera una serie de productos, entre ellos colorantes, purpurinas, azúcares y aromas artificiales (porque la purpurina es natural, se sobreentiende) que dota a sus normalmente aburridos fluidos íntimos un brillo inigualable y un sabor inimitable. ¿Se puede pedir más? 

Supongo que algunos inconformistas estarán mirando el lado negativo del invento, como que puede producir desajustes hormonales, asma, infecciones, facilitar la propagación de enfermedades venéreas... Pero en mi opinión y siendo algo optimista, creo que no debemos dejar que cuatro tonterías ensombrezcan algo tan maravilloso como una vagina con lucecitas.

El futuro está aquí y es hora de meterse en él.

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No queda nada en pie tras la tormenta.

Solo pedazos de momentos que me afano en recuperar.

Los reúno sobre la arena de un reloj roto y trato de encajar las piezas,
como un puzzle de sentimientos que se mezclan sin sentido.

Pero es una tarea difícil.

A veces encuentro dos piezas que significan algo y me hacen sonreír,
mientras que otras se forman recuerdos que preferiría hacer dejado a la deriva.

Y pienso que en cualquier caso ha merecido la pena.

Luchar contra el viento y el granizo,
dejarse llevar por el maelstrom,
llorar y reír bajo la misma lluvia,
bailar al son de la misma música por una vez.